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Entrevista a José Jiménez Lozano

José Jiménez Lozano |
"ESCRIBIR ES COMO UNA MANERA DE SER Y ESTAR EN EL MUNDO"
Terra.- Usted ha vivido siempre alejado del mundanal ruido de los medios de comunicación,
pero me temo que desde que se supo que fue galardonado con el Premio Cervantes
no le hemos dejado tranquilo. ¿El galardón ha venido a cambiar su vida sencilla?
José Jiménez Lozano.- No, no ha cambiado para nada mi vida. Naturalmente
ha habido unos días más agitados por las solicitaciones de los media, en
torno a la fecha de la concesión del Premio y ahora con ocasión de la entrega,
pero los colegas han sido muy amables y discretos.
T.- También es posible que a partir de ahora el número de lectores que se acerque
a su obra crezca considerablemente y que sus libros figuren en primer plano en
todos los puestos de la próxima Feria del Libro de Madrid. ¿Eso le alegra o le
inquieta?
J.J.L.- Es posible que ahora tenga más lectores, y esto tiene que alegrarme
necesariamente; pero el que mis libros estén en primer plano o no en la Feria
del Libro es algo que le diría que no tiene entidad ni para hacerme dar saltos
de alegría ni para plantearme ninguna inquietud.
T.- ¿Por qué escribe? J.J.L.- No podría darle una contestación contundente. Ya es algo que vengo haciendo años, es como una manera de ser y estar en el mundo. Un oficio en el sentido más normal del término, y un deber; la entrega de lo que he recibido.
T.- ¿Qué es lo más importante que ha aprendido leyendo a Cervantes?
J.J.L.- De Cervantes, como de otros escritores, se aprenden muchas cosas.
En primer lugar una cierta manera de mirar el mundo, y a los seres humanos en
sus vidas, con mucha atención y misericordia, tratando de comprender; y un lenguaje
sencillo y exacto. ¡Ojalá haya esta huella cervantina en mis escrituras!
T.- ¿El valor de una obra no puede medirse sin perspectiva temporal?
J.J.L.- Es difícil responder. Hay, desde luego, críticos o lectores que
tienen como un instinto, y son ellos los que descubren el valor de una obra. Y
también, sin duda hay, algunos criterios objetivos del grosor y peso de un discurso
intelectual, de un modo de narrar, o hacer poesía. Lo que pasa es que, por un
lado, un escritor verdadero escribe desde una cierta intemporalidad, o como desde
el pasado, y no es fácil que sus contemporáneos le comprendan muy bien; pero esto
no es una regla, como no lo es ni el éxito ni el fracaso; y ni siquiera la esperanza
de ser valorado más y más con el tiempo, quedar como se dice. El escritor, desde
luego, no va a enterarse. Pero es que, además, mientras en el pasado esto del
juicio de la posteridad parecía ser una referencia, en nuestro tiempo, como decía
Ernst Jünger, con una mica salis y a la vez con melancolía, dado el bajón
cultural observable por doquier, no parece algo muy esperanzador. Pero yo creo
que un escritor de hoy ya no tiene las viejas ideas de fama inmortal de
otro tiempo; y ya Petrarca llamaba a la fama seconda morte. Para ella también
llega el fin, desde luego. Y Julien Green decía irónicamente que la inmortalidad
de un escrito de hoy estaba muy comprometida por la, en general, muy efímera calidad
de los papeles en que se imprime; es otra manera de mentar el memento mori.
Y ya ve usted, una pequeña lauda griega o romana nos conmueve hoy como hace dos
mil años. Así son la cosas.
T.- Para un lector que desconozca su obra, ¿por dónde le
recomienda que empiece a sumergirse en su universo literario?
J.J.L.- Hay que confiar en los lectores. Un lector sabe arreglárselas muy bien. Hojea un libro y sabe si es eso lo que andaba buscando, o es eso lo que le interesa. Es siempre otro lector a él cercano el que puede sugerirle.
T.- ¿Qué relación mantiene con sus personajes?
J.J.L.- Con los personajes se pasan a veces años antes de poner la pluma sobre el papel; y también mientras se escribe. Y luego ya son viejos conocidos, y algunos de ellos de presencia muy insistente.
T.- Parece que en los últimos tiempos se ha producido un nuevo despertar de los intelectuales como portavoces de determinadas ideologías, opciones políticas o sociales. ¿Usted comulga con eso?
J.J.L.- En realidad, esto ya tiene sus años, pero yo no pertenezco a la casta intelectual. Soy solamente un escritor, y tengo bastante con mi tarea. Lo que tengo que decir lo digo en mi escritura, no me considero por encima de nadie para decirle lo que tiene que pensar, y lo que tiene que hacer, ni tampoco soy portavoz de nadie, procuro conservar mi propia voz como cada cual tiene la suya y sus adentros, aunque no sea intelectual, ni tenemos por qué serlo. Los adentros de uno mismo, de cualquier hombre, son sagrados, y entre ellos está el pensamiento; y esos adentros ni se alquilan, ni se venden, y en ese territorio no se puede permitir que, según la formidable fórmula de Saint-Cyran, se injiera nadie: ni chancelier ni persone, decía éste.
T.- En alguna ocasión ha comentado que el periodismo ha sido su oficio, y la escritura su elección. ¿Ese es el problema de la prensa actual, que muchos hacen literatura en los periódicos?
J.J.L.- Los problemas del periodismo actual son más complejos que esto. El periodismo es un invento ilustrado para informar, documentar, y mostrar o enseñar. Luego vino la llamada prensa de opinión, - y la opinión es en sí misma algo muy banal porque las cosas se saben o no se saben, no se cree o se piensa acerca de ellas esto o lo otro - y el periodismo quedó muy subjetivizado y diluido; la realidad contó menos o nada; las cosas ya no serían lo que serían sino lo que un individuo o un grupo dicen que son. Y ahora se está en lo de la comunicación; la pura bocina que decía Kierkegaard como si lo hubiera visto ya hace ciento cincuenta años.
Y luego están otros asuntos, pero lo que pasma es que, aun siendo así las cosas, todavía hay periodistas que lo son en aquel primer sentido ilustrado, y no excepciones precisamente. Otro asunto es que tengan facilidades o posibilidades de hacer las cosas como quieren y saben. Parece que un gran público y otras instancias prefieren que todo funcione de otro modo.
T.- Se supone que los diarios son el territorio de la realidad, y la literatura el territorio de la ficción, ¿usted dónde ha escrito más verdades?
J.J.L.- La primera cualidad de una ficción es que tenga verdad, y la literatura es un modo de conocimiento muy distinto del especulativo, es un conocimiento de la historicidad, del hombre. El periodismo es otra cosa, el periodista es un testigo que cuenta lo que ocurre en su objetividad, que es la lealtad con los hechos, sin que los juzgue ni para bien ni para mal. Quizás es difícil ser neutral, y a veces no se puede ser neutral desde el punto de vista ético, pero siempre se puede ser objetivo. Un novela puede ir más allá de la verdad de la historia, pero la historia como el periodista es quien muestra los hechos, la verdad material; la verdad literaria es otro asunto más allá de los hechos que de ordinario son fantásticos.
T.- Sobre qué versará su discurso de la ceremonia de entrega del Premio?
J.J.L.- Sobre el señor Miguel de Cervantes. Parece obligado.
T.- ¿Espera que el "después" del Premio Cervantes sea igual que el "antes"?
J.J.L.- Por lo que a mí respecta desde luego. ¿Cómo podría ser de otra
manera?
Terra - Belén Sánchez
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