| 
Discurso
de JORGE LUIS BORGES
 ©Archivo
gráfico "El País" Jorge Luis Borges. |
Majestades, señoras y señores: El destino del escritor es extraño,
salvo que todos los destinos lo son; el destino del escritor es cursar el común
de las virtudes humanas, las agonías, las luces; sentir intensamente cada instante
de su vida y, como quería Wolser, ser no sólo actor, sino espectador de su vida,
también tiene que recordar el pasado, tiene que leer a los clásicos, ya que lo
que un hombre puede hacer no es nada, podemos simplemente modificar muy levemente
la tradición; el lenguaje es nuestra tradición. El escritor tiene una desventaja:
el hecho de tener que operar con palabras, y las palabras, según se sabe, son
una materia deleznable. Las palabras, como Horacio no ignoraba, cambian de connotación
emocional, de sentido; pero el escritor tiene que resignarse a este manejo, el
escritor tiene que sentir, luego soñar, luego dejar que le lleguen las fábulas;
conviene que el escritor no intervenga demasiado en su obra, debe ser pasivo,
debe ser hospitalario con lo que le llega y debe trabajar esa materia de los sueños,
debe escribir y publicar, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo
los borradores, y así trabaja durante años y se siente solo, vivo en una suerte
de sueñosismo; pero si los astros son favorables, uso deliberadamente las metáforas
astrológicas, aunque detesto la astrología, llega un momento en el cual descubre
que no está solo. En ese momento que le ha llegado, que le llega ahora, descubre
que está en el centro de un vasto círculo de amigos, conocidos y desconocidos,
de gente que ha leído su obra y que la ha enriquecido, y en ese momento él siente
que su vida ha sido justificada. Yo ahora me siento más que justificado, me llega
este premio, que lleva el nombre, el máximo nombre de Miguel de Cervantes, y recuerdo
la primera vez que leí el Quijote, allá por los años 1908 ó 1907, y creo
que sentí, aún entonces, el hecho de que, a pesar del titulo engañoso, el héroe
no es don Quijote, el héroe es aquel hidalgo manchego, o señor provinciano que
diríamos ahora, que a fuerza de leer la materia de Bretaña, la materia de Francia,
la materia de Roma la Grande, quiere ser un paladín, quiere ser un Amadís de Gaula,
por ejemplo, o Palmerín o quien fuera, ese hidalgo que se impone esa tarea que
algunas veces consigue: ser don Quijote, y que al final comprueba que no lo es;
al final vuelve a ser Alonso Quijano, es decir, que hay realmente ese protagonista
que suele olvidarse, este Alonso Quijano. Quiero decir también que me siento muy
conmovido, tenía preparadas muchas frases que no puedo recordar ahora, pero hay
algo que no quiero olvidar, y es esto: me conmueve mucho el hecho de recibir este
honor en manos de un Rey, ya que un Rey, como un Poeta, recibe un destino, acepta
un destino y cumple un destino y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal,
hermosamente fatal, no sé cómo decir mi gratitud, solamente puedo decir mi innumerable
agradecimiento a todos ustedes ...
Muchas gracias.
|