T.- Aquí –según ha señalado- muestra su descontento con la Historia de España. ¿Ha sido el humor su principal baza?
J.E.G.- Claro, además no hay otra forma de hacerlo. Cuando se quiere ser medianamente consecuente y se quieren denunciar ciertas cosas, si uno no lo hace con sarcasmo, con esa ironía cruel -que por otra parte se presta también al humor negro que solemos tener los españoles-, hubiese salido otra cosa, una historia triste y amarga, con un rictus. Como decía mi amigo Arturo Pérez-Reverte en la presentación: "En cada foto y en cada testimonio, uno se ríe, lo que pasa es que muchas veces a uno se le hiela esa sonrisa". Bueno, pues de eso se trataba.
T.- ¿Y con qué institución, personaje o hecho le ha costado menos ser crítico?
J.E.G.- Yo he intentado ser justo, no casarme con nadie. Algunos lectores señalan que sale bastante mal parada alguna institución, como la Monarquía. Pero a los hechos me remito. Me he ceñido a cómo se ha comportado y cómo ha sido la Monarquía en el siglo XX. Un ejemplo: mientras que en tres o cuatro días están muriendo diez mil soldados españoles en Annual, torturados por los moros después de rendirse, en Valencia están rodando –al mismo tiempo- películas porno para uso personal de ese rey que ha provocado el desastre en África, para Alfonso XIII. Entonces, lo que hago es coger estas dos verdades incuestionables y pongo las fotos, tanto las de los soldados españoles desnudos y castrados por los moros, como de escenas de esa película porno, en la misma página. Después, que el lector saque sus conclusiones.
T.- ¿Esos "santos" y "pecadores" (que se refieren a la Derecha y la Izquierda) serían los dos términos que mejor definirían a los españoles del siglo XX?
J.E.G.- Es un modo humorístico de definirlo. Además, cada uno cree que ellos son los santos –también los de izquierdas-, que los pecadores son los otros. Yo lo que no he querido ha sido decantarme por ninguno. A las pruebas me remito. Lo que he hecho ha sido presentar las estampas religiosas de derechas pero también demuestro que la izquierda también tenía sus "estampas religiosas", por ejemplo Durruti, que no lo hacían santo pero en cualquier caso como si lo hicieran, la República... Es decir, es un modo de contrastar estos dos pareceres de una España que ha estado desencontrándose durante los dos últimos siglos –el XIX y el XX- y que ahora parece que ha encontrado un terreno común para el entendimiento, a pesar de que seguimos polarizados en Izquierda y Derecha –como no puede ser de otro modo en un régimen democrático-. Pero ya hay un respeto común, que es lo que no hemos tenido antes.
T.- ¿Con qué "recuerdo" del libro se quedaría?
J.E.G.- Hay una estampa de una chica que se ve frescachona, guapetona –del año 51 creo recordar-, de la que yo reproduzco la fotografía que ella envió a un novio poniéndole una dedicatoria muy cariñosa. Después, por la parte trasera de la foto, está lo que escribe el novio cuando han roto. Le dice algo así como: "Todo lo que decías, que me querías, es mentira. ¡Embustera! –estoy citando de memoria-. No le des esta foto a otro hombre". Y luego encontramos otra foto de la misma chica, de 1961, en la que aparece en una terraza horrible, echada en el suelo para estar sexy, con un bikini -recatado pero bikini-, lo que para la época ya es un avance.
La historia es que la chica dejó al novio anterior para irse con un estraperlista, que eran los nuevos ricos de entonces, y él le trae de Gibraltar uno de los primeros bikinis que hubo en España. Entonces, de algún modo, una historia personal está trabándose con la historia del país, de las costumbres y la moralidad de la época.
T.- Y aunque 'Santos y pecadores' ya esté en la calle, ¿sigue coleccionando estas cosillas?
J.E.G.-Al menos una vez a la semana sigo acudiendo a los mercadillos de muchas ciudades para adquirir este tipo de cosas. Los coleccionistas somos un poco obsesivos. A a mí no me gustan ni los toros, ni el fútbol, ni todo eso y quizás mi obsesión sea coleccionar vidas ajenas, que es una obsesión –además- muy propia de un novelista.
Terra - María J. Mora