Andan los países occidentales mirando con lupa la legislación sobre células madre, y el pollo se monta desde Asia, donde no sólo tienen la gripe del ídem, sino que unos coreanos han clonado 30 embriones humanos. El miedo a una "Dolly" en versión ser racional, es más real.
Lo que han hecho en Corea del Sur es obtener el núcleo de una célula de una mujer e implantarlo en un óvulo suyo. El resultado es un embrión, un posible ser humano que no es fruto de la fecundación entre varón y hembra.
A partir de ahí han sacado réplicas con el objeto de extraerles células madre para investigación médica. Eso se llama clonación terapéutica. Si cualquiera de esos embriones se implanta en un útero materno, eso se llama clonación reproductiva.
Lo primero es para un fin loable, aunque cargado de riesgos. Lo segundo es, simple y llanamente, un crimen contra la Humanidad.
Se abre un debate fundamentalmente ético y científico, que está bien, pero oculta otra realidad. ¿Cuál?: como siempre, la económica.
Vamos a ver. Aquello del tigre asiático no fue sólo un fenómeno financiero. Asia avanza en su desarrollo tecnológico, tiene muchos habitantes, muchas bocas a las que dar de comer, pocos escrúpulos laborales, menos escrúpulos políticos y unas empresas competitivas que hacen temblar a Occidente.
La clonación de embriones en la Universidad de Seúl ha estado financiada por el gobierno de Corea, que no prohíbe esas prácticas ni piensa hacerlo. El primer país o la primera empresa que consiga aplicación terapéutica del cultivo de células madre, se va a forrar en royalties.
Son muchos millones de dólares los que están en juego, como para que algunos se anden con tiento en biomedicina o en ingeniería genética por la inmoralidad de poder clonas personas como ovejas o cerditos.
¿Hasta dónde llegaremos?