Desde 1935 hasta 1950, Francia se convirtió en el faro intelectual de Europa y su influencia cultural y política llegaba tanto a la América capitalista como a la Rusia estaliniana. Uno de sus mayores exponentes, el paradigma del intelectual comprometido con su tiempo, fue Albert Camus.
Albert Camus
El próximo 6 de noviembre Albert Camus habría cumplido noventa años de no haber muerto, prematuramente, en un trágico accidente de automóvil en 1960. Pocos días antes había declarado a un periódico: “Mi obra aún no ha comenzado”.
El novelista, dramaturgo y pensador francés nació en Argelia en una paupérrima familia de emigrantes. Con grandes esfuerzos y con la ayuda de su maestro de escuela finalizó los estudios primarios y de magisterio. Se trasladó a París y allí se sintió comprometido con los acontecimientos que conmovieron a Europa antes y después de la II Guerra Mundial.
Periodista combativo que no se casaba con nadie, puso en cuestión algunas de las decisiones políticas del Partido Comunista con el que se sentía identificado. Su disidencia le valió el desprecio de buena parte de la militancia y de otro gran intelectual, actualmente denostado y semiolvidado injustamente, Jean Paul Sartre.
En 1957, Albert Camus recibió el Premio Nobel de Literatura por la calidad literaria y la trascendencia de su obra. 'La peste', 'El extranjero', 'Calígula', 'El mito de Sísifo', son algunos de sus títulos, libros fundamentales para la cultura universal.
Quince años antes, su figura intelectual empezaba a ser conocida en Francia. 'El extranjero' fue editada por Gallimard, editorial para la que trabajó, al tiempo que 'Piloto de guerra', de Saint Exupéry, tras haber pasado una férrea censura ya que se vivía en la Francia ocupada. Camus fue lector de Gallimard en las horas de oficina y, por la noche, redactor clandestino del periódico Combat cuyo pequeño formato facilitaba su composición, impresión y distribución. Allí escribía diariamente un editorial. “París hace fuego con todas sus balas en la noche de agosto”, comenzaba el del 24 de agosto de 1944.
Escritores comprometidos El París de los años 30 bullía intelectualmente hablando. Un grupo de hombres y mujeres, no todos franceses pero casi todos escritores, periodistas o profesores se convirtieron en el punto de mira de la elite intelectual del mundo entero. Ellos dan sentido al concepto de intelectual comprometido, poniendo por delante la historia política antes que la literaria.
Su decadencia se inició en 1950 como consecuencia de la guerra fría y de las posiciones tomadas por aquellos intelectuales sobre el muro de Berlín, el holocausto, la resistencia, el terrorismo de Estado,etc., aunque cabe decir que a pesar del enfrentamiento ideológico que quebró el grupo, prevaleció siempre su comportamiento leal, pues habían crecido en las mismo ambientes, la mismas escuelas, las mismas universidades y habían frecuentado los mismo restaurantes, las mismas fiestas y las mismas editoriales.
Jean Paul Sartre, maître à penser idolatrado por la izquierda, publicó en 1947 '¿Qué es la literatura?' donde pone de manifiesto su concepto de literatura comprometida que tanto iba a influir en los escritores de las décadas posteriores y en España, concretamente, en la generación llamada de los cincuenta, con García Hortelano, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, por poner algunos ejemplos.
Ilya Grigorievich Ehrenburg era corresponsal en París del diario moscovita Izvestia y había trasladado su redacción al bar La Coupole, frecuentado por numerosos intelectuales. Él había acompañado a Moscú, en 1934, a André Malraux donde asistió a un congreso de escritores soviéticos y fue Ehrenburg el artífice de una organización de escritores y hombres de letras del mundo entero a instancias de la sección cultural del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética.
El encargo hecho a Ehrenburg se materializó en junio de 1935 cuando se anunció en París, en el Palais de la Mutualité, un Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. En la reunión se concitaron firmas tan prestigiosas como Aldous Huxley, E.M. Forster, Bertolt Brecht, Robert Musil, Michael Gold, periodista del Daily Worker, André Gide, André Malraux, Louis Aragon, Tristan Tzara, del movimiento dadaísta, René Crevel, entre otros muchas. Todos o casi todos ellos formaban parte de la elite comprometida. Tres años antes, en 1932, Ehrenburg había escrito en ruso y para rusos, 'España, república de trabajadores', un viaje por toda la geografía hispana, de punta a punta.