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Fastuosos negros

Se cuenta de Alejandro Dumas que a la muerte de uno de sus negros y agobiado por los excesivos compromisos editoriales que tenía (Dumas fue un bon vivant en toda regla, le gustaba vivir bien, viajar y sobre todo la gastronomía), se sumió en lo que hoy llamaríamos un depresión. Pero a los pocos días de la muerte de su colaborador, se presentó en su casa un hombre desconocido. “Soy el negro de su negro”, dijo.

Ana Rosa Quintana
Ana Rosa Quintana
Negros, plagios e intertextualizaciones han existido, existen y existirán y no pocos escritores de los que venden millones de ejemplares utilizan el sistema del taller de literatura, al igual que hicieron los grandes pintores del Siglo de Oro.

Hace aproximadamente tres años la periodista y presentadora de televisión Ana Rosa Quintana era puesta en la picota de la opinión pública y de los medios de comunicación por el descubrimiento del plagio masivo que contenía su libro 'Sabor a hiel' del que había vendido 100.000 ejemplares y ya iba por la séptima edición. El marrón se le vino encima a la presentadora del programa de Antena 3 'Sabor a ti' sin tener la más repajolera idea del asunto porque, para colmo de males, ¡¡¡ella no había escrito el libro!!!. El negro había sido, a la sazón, un excuñado suyo que se había puesto tonto de plagiar Albúm de familia, de Daniele Steel, otro texto de Ángeles Mastretta y algún que otro párrafo que habilidosamente entreveraba el susodicho ex cuñado, de 'El pájaro espino'. Ana Rosa, abrumada, no sabía si responder a lo del plagio o a lo del negro. Lo cierto es que ella quedó a la altura del betún.

De negros está la literatura llena. Pongamos, por ejemplo, el caso del ilustre escritor y dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, que cuenta en su haber con novelas como 'Tú eres la paz', 'La humilde verdad', 'El amor catedrático', etc., y obras de teatro como 'Canción de cuna', estrenada en el teatro Lara de Madrid del que fue director varios años, 'Sueño de una noche de agosto', 'La torre de Marfil', 'Mamá', 'Don Juan de España', etc... Martínez Sierra estaba casado con María de la O Lejárraga, dulce y culta joven seis años mayor que él, políglota, pedagoga, con un compromiso literario y social sin tacha, republicana, y en 1933 elegida diputada socialista por Granada. Solidaria como era María de la O, tuvo a bien ayudar a su esposo en algunas escrituras. Primero en algunas, luego en todas, lo que significó que todos los títulos de novelas y obras teatrales más arriba citados llevaban la firma de don Gregorio, el impostor, pero habían sido escritas por su negra particular, la ilustrísima doña María. Para más colmo, don Gregorio tuvo amores con una actriz afamada, Catalina Bárcena, con quien tuvo una hija. Paciente como había sido María, ante este nacimiento abandonó el domicilio conyugal y marchó a Francia. Pese a todo, siguió excribiendo para su marido, ¡alma mía!. Martínez Sierra era una completa joya.

Carlos Luis Álvarez, Cándido
Carlos Luis Álvarez, Cándido
Un escritor y brillante periodista de nuestros días, Carlos Luis Álvarez, Cándido, presidente de la sección española de la Asociación de Periodistas Europeos, aceptó un trabajo de negro, como cuenta en sus 'Memorias prohibidas'. El encargo en cuestión, por 25.000 pesetas, era nada menos que la redacción de trescientos folios para veinte biografías de 'Los mártires de la Iglesia'. Testigos de su fe, otras tantas vidas ejemplares y sus atroces martirios de quienes habían muerto por su fe en la Guerra Civil. El mamotreto debía terminarlo en un mes e iría firmado por fray Justo Pérez de Urbel, abad del Monasterio del Valle de los Caídos que cobró 40.000 duros por la cara. Y encima ni dio las gracias a Cándido.

Cuentan las malísimas lenguas que doña Emilia Pardo Bazán, una real hembra, condesa, avanzada a su tiempo, muy culta, fue más que amiga de don Benito Pérez Galdós, respetado y reverenciado allá por donde fuere. Y era tanta su amistad que los abundantes datos y apuntes que almacenaba la ilustre dama para un libro histórico de gran envergadura, se los entregó a don Benito, ya redactados, para que compusiera esa magna obra que se dio en llamar los 'Episodios Nacionales'. Pero hubo más. Otra vez las malas lenguas aseguraron que fue la señora condesa quien escribió la monumental historia.

Manuel Rodríguez Rivero da cuenta en el Cultural de ABC que dos profesores, Dominique y Cyril Labbé, padre e hijo, aseguran que Pierre Corneille fue el negro de Molière después de haber realizado un complicadísimo estudio léxico por ordenador que ha comparado textos de uno y otro. La conclusión ha sido que la pluma del viejo Corneille escribió 'El Tartufo', 'El misántropo', 'Don Juan' o 'La escuela de las mujeres'. Y, en todo caso, Corneille, de no haber sido el negro, habría colaborado estrechamente con el joven Moliére, sin duda dotado de un gran talento para los negocios pero no así para la escritura.

Cela fue acusado de plagio
Cela fue acusado de plagio
De la misma manera Francisco Franco Bahamonde, el Caudillo de todas las Españas y Generalísimo de todos los ejércitos, a la sazón dictador español entre 1939 y 1975, escribió 'Diario de una bandera' donde narra la guerra de Marruecos en el período comprendido de 1920 a 1922 y está dedicado “a los muertos por España en las filas del Tercio de Extranjeros”. Pocos se tragaron que Franco había escrito aquel Diario, entre otras cosas porque siempre andaba guerreando, y se acusó al periodista Juan Ferragut de haber sido el escribano.

A Cela también se le han adjudicado varios negros, especialmente cuando el escritor y periodista Tomás González Yebra publicó 'Desmontando a Cela', donde desvelaba parte de este asunto. Cela fue también acusado de plagio con la novela 'La cruz de San Andrés' con la que ganó un premio Planeta. El que fuera secretario del Nobel desde 1995 hasta su muerte, el filólogo Gaspar Sánchez, desmintió categóricamente las acusaciones de Yebra, tanto las referidas a los negros como la de plagio, que fue resuelta por los jueces a favor del escrito gallego.



Terra/ Lola Canales

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