El pasado 19 de julio se celebró el bicentenario del nacimiento de Ramón de Mesonero Romanos. El insigne periodista y madrileñista de pro, conocedor como pocos de las plazas y calles madrileñas, su historia y su leyenda, ayudó no poco a Mariano José de Larra en su carrera y procuró amistad e información a don Benito Pérez Galdós para que se volcara en la escritura de los 'Episodios Nacionales' que el propio Mesonero siempre deseó narrar y que las malas lenguas atribuían a la amiga casi íntima de don Benito, Emilia Pardo Bazán, asunto aún por demostrar.
Leopoldo Alas Clarín
Todo aquel madrileño que desee conocer qué y cómo era Madrid antes y después de la muerte de Fernando VII, o sea su historia, no tiene otro remedio que leer a don Ramón, en particular las 'Escenas matritenses', que publicadas en 1851 dan buena cuenta de lo que se cocía en la Villa y Corte de 1832 a 1842, en cuanto a costumbres, fiestas y romerías, cambios sociales, moda, costumbres literarias, y un montón de reflexiones personales que no tienen desperdicio.
Estas crónicas o aparecieron firmadas por 'El curioso parlante', alias que le quedó para siempre a Mesonero. En uno de estos artículos inenarrables, impagables, habla de tipos perdidos y tipos hallados por mor del progreso social y en él aparece el periodista como especimen del segundo apartado en el que data su existencia en una docena escasa de años, es decir, allá por 1830. Por cierto, que no sale bien parado ese “muchacho despierto y lenguaraz, que disputa con sus camaradas por cualquier motivo; que habla con desenfado de cualquier asunto; que emprende todas las carreras y ninguna concluye; que critica todos los libros, sin abrir uno jamás...”. Así define Mesonero al recién estrenado oficio de periodista. ¿Ha cambiado, en nuestro días, el perfil profesional?...
Para periodista honesto, inteligente, crítico con el poder, mordaz con el conservadurismo, sin pelos en la lengua, subjetivo en sus apreciaciones, ya decimos que no puede ser de otro modo, y cultísimo está Mariano José de Larra, nuestro 'Fígaro' entrañable, el romántico literario y vital autor de la novela 'El doncel de don Enrique el Doliente' y el drama 'Macías', premoniciones de su propia existencia cuyo trágico y fatal desenlace acontece por los desamores de Dolores Armijo. Sus artículos periodísticos son hoy motivo sugestivo de estudio, todos ellos impregnados de una crítica sin ambages al sistema y que al mismo tiempo tienen el valor de un libro de memorias, cuyo compendio significa la plenitud del periodismo en España. 'Vuelva usted mañana', 'El casarse pronto y mal', 'El castellano viejo', 'Tercera carta de un liberal', 'Lo que no se puede decir', 'El día de difunto de 1836', etc, son joya literarias imprescindibles.
Otro autor de lujo, zamorano, implacable crítico literario que publicaba en periódicos y revistas nacionales pero sobre todo en los de Madrid, catedrático de Derecho, autor de un centenar largo de cuentos, novelas breves y artículos cuyo mérito se une al arte de Larra, es Leopoldo García-Alas y Ureña, también conocido por el seudónimo Clarín. 'La regenta' es su obra de mayor envergadura y sus cuentos '¡Adiós , cordera', 'La Conversión de Chiripa', 'El Señor y lo demás son cuentos', etc. son obras imperecederas. Su influencia en la llamada generación del 98 fue mucho mayor de lo que se dice.
Ortega y Gasset
Cuenta Miguel Pardeza, el que fuera futbolista no hace muchos años, en el segundo volumen de la antología de artículos periodísticos de César González-Ruano, que “el periodismo asesinó al gran escritor que pudo haber sido”.
Ruano, que se definía asimismo como un anarquista de derechas, y del que este año se cumple el centenario de su nacimiento, fue un personaje controvertido, con una gran fascinación por la aristocracia y su mundo de lujo y boato, pero que tuvo que pechar con un sufrido trabajo para sobrevivir y mantener su marquesado de Cagigal, tres artículos diarios durante veinticinco largos años. Su libro Caliente Madrid, antología arbitraria, se publicó en 1961 y recogía los artículos de los años cuarenta y cincuenta. Sus necrológicas, que hizo a mansalva, no tienen parangón, y como articulista su fina pluma, como un estilete, se ocupó de los pequeños y los grandes temas. Sin duda, su marcado sesgo ideológico fue motivo de olvido y desprecio a este, por qué no, ilustre periodista al que ahora, pasados los años, que el tiempo todo lo cura, se le empieza a re-conocer.
Como Ruano, Agustín de Foxá, muerto en 1959, autor de la novela 'Madrid de corte a checa', ganó la guerra pero perdió el cariño popular y actualmente sufre un olvido injustificado para unos y ganado a pulso para otros. De alta cuna, era conde, fue diplomático y, claro está, periodista. Hace poco se ha publicado 'Artículos selectos', con prólogo y selección de Jaime Siles, una muestra de la obra de Foxá publicada casi íntegramente en el diario ABC. A diferencia de Ruano, no tenía que escribir a destajo para procurarse un buen vivir que como queda dicho le venía de cuna. Y eso se nota en el cuidado del lenguaje incluso en los temas elegidos donde muestra su inteligencia.
El autor de 'La rebelión de las masas', José Ortega y Gasset, utilizó la prensa como vehículo fundamental para extender su pensamiento. Sus tíos, los Gasset, eran propietarios de el periódico El Imparcial y en él publicó su archifamoso artículo del 13 de junio de 1917, titulado 'Bajo el arco en ruina', que se convertiría en emblemático de la crisis que vivía España. Tras romper con los Gasset, Ortega se alía con el empresario Nicolás María de Urgoiti y de la mano de ambos aparece el prestigioso diario 'El sol', a finales de 1917. En este periódico ejercería Ortega una influencia sin límites y se convertiría en faro de conciencias. Don José también había sido el primer director de la revista 'España', en 1915, y, en un hecho sin precedentes en la historia del pensamiento y la literatura española, lanza una revista personal, 'El espectador', dedicada única y exclusivamente a sus reflexiones personales. Ortega se había percatado de la influencia de lo que más tarde se llamaría el cuarto poder.
Cabe aquí nombrar a dos pioneras del periodismo en España. Una es Carmen de Burgos, primera periodista femenina en España que se inició en el 'Heraldo de Madrid', de la mano de su director Augusto Figueroa, y primera corresponsal de guerra, enviada por el Heraldo para cubrir la guerra con Marruecos en 1909. En la Primera Guerra Mundial lo fue Sofía Casanova y también Irene Falcón.
La segunda es Josefina Carabias. En 1931 empezó a colaborar en la revista Estampa con entrevistas y reportajes y en el diario Ahora y en 1833 se incorporó a 'La voz'.
Durante la guerra civil marcha a Francia mientras su marido, José Rico Godoy permanece encarcelado en Madrid. A partir de 1948, ya en España, regresa a su profesión en el diario 'Informaciones'. Desde 1967 hasta su muerte, en 1980, Josefina Carabias escribe una columna diaria en el periódico 'Ya' de Madrid, titulada Escribe Josefina Carabias. Una de sus hijas, Carmen, fue también periodista, columnista durante años de la revista 'Cambio 16', y escritora, uno de sus éxitos, de 'Cómo ser mujer y no morir en el intento'.