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'Star Trek': conceptos científicos ¿reales o ficticios?

La tripulación del Enterprise vuelve a la carga con una nueva aventura de acción y misterio, y la ya habitual sobredosis de términos pseudo-científicos conocidos como ''Technobabble''. Campos de fuerza, radiaciones letales, y dispositivos de ocultación. ¿Qué hay de posible en todo esto?

Star Trek
Star Trek
Desde su creación, Star Trek ha atraído a muchos por su manera de presentar un futuro lejano con una luz claramente optimista, y en buena parte también por la manera aparentemente verosímil de hablar de conceptos científicos y tecnológicos.

De hecho, la serie original, en los años 60, contó con la colaboración de famosísimos asesores científicos como Isaac Asimov, que ayudaron a dotar a los capítulos de la misma, así como a la tecnología que en ella se mostraba, de una base científica bastante sólida.

Los comunicadores de la serie fueron el modelo que la compañía Motorola utilizó para sus primeros “StarTAC”, y se utilizaron tecnologías que más adelante se convirtieron en habituales, como la medicina no intrusiva.

Sin embargo, a lo largo de los años, y con la llegada de un aluvión de series inspiradas en la primera, tales como “The Next Generation”, “Deep Space Nine”, “Voyager” o “Enterprise”, el uso de tecnologías futuristas con un mínimo de verosimilitud (como mínimo por las extensas explicaciones pseudo-tecnológicas) se ha disparado, llegando a transformar lo que era un complemento a la línea argumental principal en un protagonista, llenando minutos y minutos con frases como “hay que revisar las conducciones en los tubos de jeffries para comprobar si el flujo de antimateria es compensado por los relés subespaciales”.

Tecnologías sin explicación científica
De todas maneras, ya desde el principio de la serie se optó por apostar también por ciertas tecnologías que no tenían explicación científica posible, tales como el teletransportador de materia, que requeriría un flujo de información tan enorme que para transferir la información acumulada en cada célula de un cuerpo humano se tardarían siglos, sin contar que sería imposible por el principio de incertidumbre de Heisenberg.

Otro concepto muy utilizado ha sido el de la velocidad de curvatura (Warp), que permitiría superar la velocidad de la luz deformando el espacio tiempo y haciendo que dos puntos estuvieran más cerca mientras estuviéramos en un sistema de referencia con curvatura. Sin embargo, y aunque hay teorías sobre la posibilidad de utilizar la topología del espacio-tiempo para viajar, como las relacionadas con los agujeros de gusano (Puentes de Einstein Rosen), el hecho de poder abandonar el plano espacio-tiempo como propone la velocidad de curvatura no tiene relación alguna con teorías físicas existentes.

Se ha pasado de una minoría de tecnologías con cierto nivel de credibilidad a un despropósito de invenciones cada vez más fantasiosas, hasta llegar a conceptos tan increíbles como una especie de “polvo” llamado “radiación talarón” que aparentemente petrifica el tejido vivo, tal como pudimos ver en “Star Trek: Nemesis”.
Realidad y ficción
En la película, se nos presenta una especie de generador que lanza un haz que a su vez se convierte en pequeñas partículas que caen (por lo que tienen masa) y petrifican el tejido vivo que tocan. Ya el hecho de que sean partículas que se vean afectadas por la gravedad de manera tan visible cuestiona el hecho de que sea considerado “radiación”, pero vamos a darle un voto de confianza: supongamos que se tratan de partículas radioactivas y que su desintegración genera la famosa radiación “talaron”.

Sin embargo, cuando vemos más tarde que unas partículas tan pesadas pueden atravesar el casco de la nave Enterprise (dado que se disponen a aniquilar a toda la tripulación de la nave atacándola desde la poderosa “Scimitar”) ya no tenemos a dónde agarrarnos para que tenga una mínima coherencia.

Si la partícula (que por lo que hemos dicho antes es bastante pesada) no puede traspasar el casco de la nave, lo hará la radiación talaron, pero ¿puede esa radiación atravesar una estructura lo suficientemente resistente como para aislar un volumen inmenso de aire del vacío del espacio exterior?

El caso más parecido que podemos encontrar en la realidad es la muerte por radiación que se da en los casos de explosiones de bombas nucleares. En estos casos, las partículas Alfa y Beta y la radiación gamma mata todo aquello que encuentra a su paso, quemándolo y produciendo errores en la codificación del ADN.

El peor caso se da cuando se inhalan partículas de uranio, dado que se desintegran dentro del cuerpo, irradiando desde el interior. En todo caso, esta radiación SÍ se rige por las leyes de la física, y podemos protegernos de ella en refugios y tras espesas paredes. Claro que si viviéramos en un mundo como el de Star Trek, nos podríamos teletransportar a un lugar más seguro o irnos a la velocidad de la luz, ¿no?



Terra - Daniel Ventura

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