La idea
“Ceaucescu tenía una especie de escuela infantil donde educaba a recién nacidos secuestrados para lavarles el cerebro y educarlos como robots humanos que se dedicasen, ya adultos, a ser su guardia pretoriana absolutamente fiel. Eran seres que consideraban a Ceaucescu sencilla y llanamente su dios. Esa historia me pareció aterradora como realidad y fascinante como material de ficción. Eso fue lo que originó El niño de los coroneles”.
El monstruo
“El Niño de los Coroneles es el nombre del monstruo, el niño al que educan los coroneles que están en el poder en la dictadura militar de Leonito. El Niño de los Coroneles es el nombre que el malvado Víctor Lars da al experimento de educar niños para el mal, el primer niño con el que se experimenta, el niño piloto. De alguna forma es su nombre propio. Podríamos decir que Niño es su nombre y de los Coroneles su apellido”.
El bueno
“Luis Ferrer es el conductor de la historia, un periodista español que viaja a Leonito, un hombre en el que podríamos reconocernos muchos de nosotros. Es el personaje que coge de la mano al lector y lo acompaña en el largo viaje de la novela”.
El malo
“Víctor Lars es el malvado de la historia, un personaje que iba a ser un secundario al principio, pero según escribía iba cogiendo cada vez más cuerpo, yo me lo pasaba cada vez mejor escribiendo sus monólogos y al final tengo la sensación de que Víctor Lars acaba por adueñarse de la novela. Es una especie de Víctor Frankestein, que no busca manipular la vida humana para hacer el bien sino para hacer el mal, pero de alguna forma es una variante del doctor Frankestein, de la misma forma que el Niño de los Coroneles no es otra cosa que una variante del monstruo de Frankestein”.
Fascinados por el mal
“A todos nos fascina el mal. Si nos olvidamos por un momento de la ética, de la conciencia, de las ataduras morales, es algo que está dentro de todos nosotros. Si no tuviera consecuencias terribles, es algo que a todos nos gustaría probar. Estaría muy bien poder probar en una máquina virtual a hacer el mal sabiendo que no ha tenido consecuencias. Esa máquina tendría mucho éxito”.
Terra/Belén Sánchez