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Vincular cada letra del genoma a notas musicales y conseguir una
interpretación sonora única para el gen de la sordera, de la ceguera
progresiva o de algunas levaduras le ha costado dos años de trabajo
a Sánchez, jefa de Micología en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid,
quien ha explicado que mezcló "como en una coctelera, espíritu
investigador y grandes dosis de creatividad".
El resultado es un disco de diez temas instrumentales donde la
ciencia y la música se armonizan para "transmitir las sensaciones
que están en nuestros genes, como la alegría, la tristeza o la
esperanza, que es el sentimiento que debe perdurar sobre todos".
A esta científica, la idea de musicalizar el genoma, le surgió mientras observaba la secuencia genética
de la "candida albicans", una levadura patógena responsable del pie
de atleta, al preguntarse "qué pasaría si tradujese a notas las
letras que describen los cuatro elementos básicos del ADN".
Sánchez, titulada en piano y doctora en Farmacia, asignó a cada
uno de estos nucleótidos una nota y decidió que la adenina sonaría
como La, la guanina como Sol, la timina sería Re y la citosina se
correspondería con Do, algo que ya hizo Juan Sebastian Bach cuando
vinculó cada letra de su apellido con notas musicales para componer
"El arte de la fuga".
"Yo interpreto el gen como obra musical", afirma al explicar que,
con la colaboración del músico Richard Krull y del microbiólogo
Fernando Baquero, experimentaron con secuencias ficticias y
desarrollaron un programa informático para hacer la traducción
robótica exacta de las notas genéticas en musicales.
¿Cómo suenan los genes?
Esta traducción musical se dispuso en compases ternarios porque
generalmente los nucleótidos se agrupan en tripletes y, cuando en el
genoma encontraban secuencias carentes de sentido, aplicaban un
tiempo musical más libre "sin variar nunca el dictado genético".
Con la ayuda de la experta en genética molecular y Premio Reina
Sofía 2002, Concepción Hernández, Sánchez eligió hasta cinco genes
humanos y tres de microorganismos para "transcribirlos a notas
musicales según la partitura genética y superponer sobre ella una
melodía libre".
Tras ajustar ritmo y tonos, la "candida albicans" adquirió
cadencias de vals, en el gen de la sordera suenan campanas y en
"alphoid secuence" se aprecian tambores célticos y platillos, el gen
con el que además se recurrió a la fórmula matemática del "número de
oro" para variar las tonalidades con el mayor grado de armonía, un
método que ya utilizó Beethoven en su quinta sinfonía.
Una colaboración muy especial
Sánchez pidió además la colaboración de su amigo y presidente del
Comité Asesor de Etica en la Investigación Científica y Técnica,
César Nombela, que no dudó en elegir el gen de levadura "STL2" para
darle vida musical, un hallazgo de trascendencia internacional en el
campo de la microbiología.
"Observé por primera vez hasta una docena de repeticiones muy
curiosas en los tripletes del STL2 que, al trasladarlas a música, se
convirtieron en un obstinato", indicó la científica, quien añadió
que "es un honor trabajar con el gen del investigador español".
Nombela señala que "Genoma Music" ha sido una iniciativa
"feliz, creativa y sin igual en todo el mundo" y apreció la melodía
aportada por la microbióloga que, "en función de su inspiración,
incluyó acordes de guitarra española, chelo, violín y percusión".
Esta científica y humanista que sostiene que "al comunicar la
secuencia genética, estamos transmitiendo vida", confesó que
su máxima ilusión es escuchar "cómo suena el genoma" interpretado
por músicos profesionales en un auditorio.