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David Torres: ''Juzgar la vida en téminos de éxito o fracaso es una ruina''

El escritor madrileño toma algunos recursos de la novela negra para narrar la sórdida historia en la que se ve envuelto Roberto Esteban, un boxeador retirado que trabaja como matón de discoteca, un tipo violento pero con una faceta tierna, de la misma manera que David Torres ha suavizado la dureza de lo que cuenta con poesía y sentido del humor

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T.- Parece ser que este año el jurado del Premio Nadal se ha decantado por dos novelas de género negro
David Torres.- El hecho de que las dos novelas hayan salido de determinado color no significa que el jurado haya optado por un determinado género. En mi caso, la novela negra es el trampolín para lanzarme por otros derroteros. He cogido ciertos tópicos y estructuras de la novela negra y las he utilizado como parte de otra estructura mayor. En ‘El gran silencio’ la investigación que siempre tiene lugar alrededor de un crimen se convierte en una especie de cebo para que el lector siga leyendo, pero el verdadero tema de la novela, el verdadero misterio es ese personaje, un boxeador retirado que fue campeón de Europa y que ahora se dedica a matón. Le encargan proteger a una bailarina y a lo largo de ese trabajo va recuperando trozos de sí mismo, de su propio pasado, cosas que él creía perdidas y, si al principio de la novela él sentía que había perdido su alma, al final hay una especie de recuperación, de reconocimiento de sí mismo en mitad de una pelea atroz. La pregunta de quién es el malo tiene mucha menos importancia que la de “quién soy” que se hace este hombre en primera persona.

T.- Este ex boxeador, Roberto Esteban, a pesar de ser un matón, tiene una faceta tierna, y ha asumido esa ética propia de los que han crecido en barrios del extrarradio.
D.T.- Hay ciertos tópicos que se manejan en relación al boxeo y al barrio, pero Esteban tiene cosas que le hacen salirse de ese tipo violento de matón de discoteca, como su afición a escuchar la Fantasía en Do Mayor de Schumann. Es un hombre solitario que sólo vive con un pez luchador tailandés, que los domingos por la tarde va a ver a su madre y que sólo tiene un amigo camarero que apenas habla con él. Pero eso demuestra que todas las personas a las que conocemos por tópicos, apenas hurgamos un poco en sus vidas, descubrimos que son mucho más complejos de lo que parecen. En este sentido, Esteban guarda dentro de sí mismo un reducto de ternura y sobre todo, es un hombre con mucho coraje, es muy valiente.

Creo que Esteban me puso un poco en el brete de decir lo que es el heroísmo, ahora que vivimos una época tan violenta y tan profundamente hipócrita, en la que se confunde el éxito con el bien y la derrota con el mal. Creo que el heroísmo no es así, que hay que saber dónde está el bien y luchar por ello aunque pierdas. En ese sentido, Esteban nunca tira la toalla, cuando era boxeador, aunque supiera que un combate estaba perdido, lo terminaba. Y en esta novela, él se ve muchas veces contra una historia que parece imposible, y aunque no vaya a ganar, va a seguir luchando.

T.- Cualquiera diría que Roberto Esteban es justo lo contrario, un antihéroe.
D.T.- Eso nos viene de una ética americana que es la misma que nos ha dado la hamburguesa y la patata frita: el tipo que gana es el héroe y el tipo que pierde es el antihéroe. Creo que eso es una simplificación. El héroe es aquél que se mueve por unos ideales, por unas determinadas normas de conducta y Esteban, a pesar de que es un matón, no es capaz de hacer determinados trabajos, y otras cosas que no debería hacer según lo que entendemos que es la ética de un matón las hace. Creo que juzgar la vida en términos de éxito o fracaso, entendiendo el éxito como éxito profesional o material, de entrada es una ruina.

T.- Roberto Esteban se mueve en un ambiente de barrio, y también en la cara más oscura de la fama...
D.T.- Como novelista trabajo con documentación, con los propios recuerdos... pero la parte más grande en mi caso es la imaginación. Pero la imaginación no trabaja en el vacío, trabaja con cosas que has visto, que recuerdas. Yo he conocido determinados ambientes de policías, ex policías, tipos muy violentos, y en mi infancia he conocido muy bien el barrio de San Blas, que es una de las localizaciones de la novela. Mi trabajo como escritor es coger un poco de aquí y allá, de libros que has leído, de películas que has visto, de recuerdos y de tus propios deseos. En el caso de Esteban, además, me parecía fundamental darle sentido del humor, porque la historia ya era bastante violenta. Eso lo dulcifiqué mediante la poesía del lenguaje y el humor de las réplicas de Esteban, que están cogidas del Marlowe de Chandler o de Mike Hammer.

T.- ¿Por qué se presenta alguien a un premio como el Nadal?
D.T.- En mi caso concreto por desesperación, porque después de cuatro libros publicados estaba harto de pasear esta novela por las editoriales desde hace más de un año. Y yo la veía una novela con posibilidades, divertida, que se lee bien y que habla de ciertas cosas de las que no habla la literatura de hoy. Plantea unos conflictos morales bastante peliagudos, y no da respuestas, formula las mismas preguntas de siempre. Dos de los libros que he publicado son premios, así que aunque nunca he sido muy partidario de los premios literarios, en mi caso ha supuesto la edición de tres de mis libros.

Terra/ Belén Sánchez

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